miércoles, 30 de enero de 2008

DENIP

Seguramente a la mayoría de la gente, estas siglas no le dicen nada. Quizás, porque "celebramos" determinados días sólo porque lo hace todo el mundo sin pararnos a pensar en el por qué. DENIP es "el Día Escolar de la No-violencia y la Paz", declarado por primera vez en 1964, gracias a un profesor español, Llorenç Vidal, que se muestra pionero en una educación No-violenta y Pacificadora; una educación para la solidaridad, la tolerancia y el respeto a los derechos humanos.
Este día fue reconocido por el Ministerio de Educación en 1976 y en él se conmemora, también, la muerte a manos de una fanático hinduista, de Mahatma Gandhi, líder espiritual de la India, cuya filosofía contenía el principio fundamental de la no violencia.
Yo no estoy muy de acuerdo con eso de dedicar un día del año a una causa determinada. El día de la paz, debería ser todos los días. Pero quizás celebrando este día, lo que se persiga sea lavar un poco las conciencias, al menos las de los adultos. En cambio, en los centros educativos, todas las jornadas deberían apoyarse, sustentarse, en una educación para la tolerancia, la solidaridad y el respeto que nos debemos unos a otros. Los niños que educamos hoy, son nuestro futuro. ¿Cómo queremos que sean?

No hay camino para la paz, la paz es el camino.
Mahatma Gandhi (1869- 1948)

martes, 22 de enero de 2008

Pereza

La pereza debe ser eso que mucha gente dice: no soy capaz de salir de entre estas sábanas, de desenredarme de este cálido edredón, pero en realidad ¿no se puede? Lo cierto es que lo que nos domina es la "no voluntad" de hacerlo y nos echa de la cama, la obligación. Yo no me considero perezosa, aunque he de decir que lo más parecido a la pereza que he experimentado, siempre está relacionado con mi época de tinieblas.
Pero, ¿qué es en realidad la pereza? ¿Una especie de anulación de la voluntad, de la iniciativa, un dejarse llevar por el placer que produce no hacer nada? Hum, no hacer nada (en muchos momentos) me gusta, entonces ¿soy perezosa? Quizás lo somos más de lo que pensamos en realidad.
Si pensamos en el antónimo de pereza, ¿qué sería?, trabajo. ¿Pero y no debería referirse a todo tipo de actividad? Pensar es una actividad y hay tanta gente a la que le da pereza hacerlo...
Los perezosos siempre hablan de lo que piensan hacer, de lo que harán; los que de veras hacen algo no tienen tiempo de hablar ni de lo que hacen.
Johann Wolfgang Ghoethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.

domingo, 20 de enero de 2008

Soberbia

...Que no vanidad. No son lo mismo. La vanidad es una presunción de lo que se es (o no) o de lo que se posee. Y la soberbia es sentirse el ombligo del mundo, es ese apetito, ese deseo a ser preferido por encima de cualquier otra cosa.
Pero la soberbia es verdaderamente repugnante cuando el que la "padece" camina por la vida como si los dioses le hubiesen tocado con su varita mágica convirtiéndolos en el ejemplo a seguir, en esos seres que todos deberíamos desear ser; aunque en realidad son repulsivos y dañinos.

¿Y no puede ser que en el fondo, todos esos que son soberbios por naturaleza, sufran de un profundo sentimiento de inferioridad y que su única forma de librarse de él, sea mostrándose por encima del bien y del mal?
¿Qué somos nosotros(quien escribe y quien lee), humildes o soberbios?


“De la boca del necio brota la soberbia, los labios del sensato lo guardan”

lunes, 14 de enero de 2008

Envidia

Supongo que existen dos tipos de envidia; una, es en una falta grave cuando nos molesta, nos desagrada, hace que sintamos ira antes los bienes materiales que otro ha logrado. Hasta tal punto que deseamos verlos privados de todo aquello de que de forma legítima han conseguido, pero que nosotros cegados en nuestro inmenso egoísmo además de dominados por la ya citada envidia, deseamos que no los hubiesen adquirido jamás. Pero si algo tengo claro, es que quien siente este tipo de envidia, es en el fondo un tipo aquejado de una frustración congénita que le carcome. La envidia es por tanto, tan antigua como la propia humanidad y en cierto modo, destructiva. Quizás forma parte del ser humano desde que éste es concebido, quizás sea uno de nuestros instintos más profundos. Pero existe otro tipo de envidia, esa que tiene que ver con el deseo de poseer capacidades para los que no estamos dotados, bien esa la pintura, la escritura...es decir, todo lo que tiene que ver con aquello que alimenta nuestro espíritu. Pero la pregunta es, ¿pueden considerarse envidia estos sentimientos?

Alguien va a disfrutar de esa deliciosa bañera. Yo quiero ser quien la disfrute. ¿Es envidia?




domingo, 13 de enero de 2008

Ira

La definición latina es "Appetitus inordinatus vindictae", es decir, un “apetito desordenado de venganza”. Yo nunca había pensado en la ira como un deseo de venganza, quizás porque jamás me había puesto a analizar lo que es. ¿Si he sentido ira? Por supuesto, ¿quién no la ha sentido alguna vez en la vida? Pero yo diría que más que ira, son enfados y en mí nunca van unidos a la idea de vengarme, aunque sí de forma inconsciente puede que se busque dañar. El enfado desmesurado, la ira, se hornea dentro de uno y cuando estalla no hace distinciones, no le importa quién reciba la descarga. Lo único que busca es salir, escaparse de la prisión a la que le somete cierto grado de razonamiento. Una vez aniquilada la razón, la ira se desborda causando múltiples destrozos que provocan la confusión, una vez desaparecida la furia.
En cierta ocasión recibí un pps (sí, uno de esos mensajes que tardan siglos en abrirse y que cuando lo hacen no terminas de verlo por ser extremadamente cursis) que me hizo meditar. Espero que quien lo lea, también lo haga.
Había una vez un niño que siempre estaba de mal genio. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que se enojase, tenía que clavar un clavo en la parte de atrás de la cerca de su casa. El primer día clavó 37 clavos en la cerca.
En las próximas semanas, según aprendía a controlar su mal genio, diariamente clavaba menos clavos. Entonces descubrió que era más fácil controlar su mal genio que clavar los clavos en la cerca. Finalmente llegó el día en que el niño no se había enojado por nada. Se lo dijo a su padre, el cual le sugirió que ahora por cada día que no se enojase, sacara un clavo de la cerca.
El tiempo pasó y llegó el día en que le pudo decir a su padre que había sacado todos los clavos. El padre tomó a su hijo de la mano, lo llevó hacia la cerca y le dijo : "Hijo, has hecho muy bien, pero mira los huecos que han quedado en la cerca. La cerca nunca será igual. Cuando uno dice cosas con ira dejan cicatrices como éstas. Puedes clavarle un cuchillo a un hombre y sacárselo; no importa cuantas veces le pidas perdón, la herida permanece. Una herida verbal es tan mala como una física. "Perdóname si alguna vez he dejado un hueco en tu cerca."

sábado, 12 de enero de 2008

Avaricia

Afirma el filósofo español, Fernando Savater, que dar al dinero más importancia de la que tiene, convirtiéndolo en un fin en sí mismo, es lo que distingue la avaricia del ahorro.
El avaro vive para acumular riquezas sin importarle los "cadáveres" que deje en su camino. Su único fin es conseguir más y más. Quizás esta premisa es la que siguen muchas empresas, ya sean grandes laboratorios o los bancos que cierran sus cursos con un aumento sustancial (año tras año) de sus ganancias.

Pero el avaro, ese de andar por casa, es el que disfruta viendo como crecen sus caudales, aunque no tenga la menor intención de disfrutar de ellos, acumula para no hacer nada y convertirlos en algo inservible. Es posible que esa felicidad de ver su cuenta crecer y crecer, en el fondo sea porque en realidad no sabe qué hacer con su dinero. De este modo se convierte en un ser carente de sociabilidad. ¿Para qué interactuar si eso supondría perder una parte de lo que se tiene sin obtener nada a cambio?

Quizás vivamos en una sociedad gobernada por la avaricia, en la que más es quien más posesiones materiales tiene y también una sociedad que fomenta el gasto y el derroche, aunque parezca una ironía.

viernes, 11 de enero de 2008

Gula

Quien padece de gula, es un glotón (eso dicen). Pero ¿quién no se ha puesto alguna vez ante un festín de rico regaliz, una caja de helado de yogur o una tableta de chocolate y no ha podido parar hasta que se lo ha terminado? Y no por esto, somos personas que comemos compulsivamente o con cierto exceso. Quizás, lo que nos gusta, es disfrutar, simplemente eso, disfrutar de cierta comida o de ciertas experiencias. En realidad puede que seamos coleccionistas de experiencias culinarias, artísticas, intelectuales, incluso olfativas...quizás eso también sea gula.
Quizás, la gula esté relacionada con nuestro instinto primario de alimentarnos, satisfaciendo nuestra necesidad de alimento y asociando además, el placer de acabar con la sensación de hambre, además de sentir placer con el olor del alimento, su sabor...
¿Pero y por qué llamarte goloso suena a cierto grado de ofensa? ¿Porque se considera un exceso? Puede que sea porque más que gula, sea voracidad; es decir, esa necesidad de tragar alimentos sin disfrutarlos.
Poco tiene esto que ver con el placer que provoca un suculento alimento, bien paladeado.
Por tanto, aboguemos por una "gula" que no se limite a satisfacer nuestros pensamientos obsesivos, sino, por aquella que alimente el alma.