Las horas que me pasé trasnochando para poder ver al Doctor Fleishman los sábados por la noche. Creo que fui la última persona, del llamado primer mundo, en tener vídeo. Así que, no quedaba otro remedio que esperar a que llegara la deseada hora de ver las nuevas aventuras del joven doctor urbanita y neoyorkino, obligado a pasar algunos de sus años en ese remoto lugar de Alaska llamado Cicely.
Hasta la música me encantaba...todo era diferente en Cicely.
lunes, 31 de marzo de 2008
Doctor en Alaska (para Minito)
domingo, 30 de marzo de 2008
En una sala de cine
Sí, hoy va de cine, pero lo de menos es la película (Las hermanas Bolena) que no es de lo que quiero hablar. Estábamos en una sala pequeñita, no éramos mucha gente y cuando faltaban unos cinco minutos para que la película empezara, mientras yo me empapaba de los panfletos que regalan con las críticas de las películas, se colocó a mi lado una pareja joven (unos 30 años). Ella estaba embarazada, quizás de unos 6 meses. Es difícil calcular eso, al menos a mí me lo resulta, además era una chica muy delgada y quizás su barriguita aparentaba más de lo que era en realidad. Su pareja, sentado a su lado, le acarició la barriga y acercó su boca para decirle: "mira, ésta es tu primera película. No te preocupes que yo te la cuento". La acariciaba y besaba continuamente mientras la chica sonreía llena de satisfacción y colocando su mano sobre la de él.Me pareció hermoso.
Cuatro meses, tres semanas y dos días
Hace unos días vi esta película. Me ha impactado tanto que creo que es la mejor que he visto en lo que va de año. Curiosamente, es otra historia de mujeres. En cierto modo recuerda a Caramel, aunque no tenga nada que ver el guión, pero son dos obras con la misma esencia: la amistad.Ésta es concreto, es una película dura y creo que es casi imposible que pueda dejar indiferente a nadie. Quizás el hecho de pasarme casi toda la película sin apenas moverme, casi sin pestañear y con mi boca entreabierta, pueda definir lo que sentía mientras la estaba viendo. O quizás no, no indique nada, ninguna de las emociones que me hizo sentir, del dolor que unos cuantos fotogramas seguidos pueden llegar a causar en quien los está visionando o el no poder quitártela de la cabeza durante días.
¿Qué es la amistad? ¿Hasta dónde eres capaz de llegar por esa persona a la que consideras amiga? ¿Y cómo quien se dice tu amiga puede permitir que hagas determinadas cosas, aún a riesgo de tu propia vida?¿Cuál es el grado de desesperación que se puede llegar a sentir en determinados momentos, que hace que no seas capaz de ver los riesgos y que arriesgarte sea la única solución, incluso pudiendo llegar a perder la vida?
No sé, puede que sean demasiadas preguntas y difíciles de contestar.
De todos modos, a pesar de la dureza y de ser una tragedia desgarradora, esta película es un canto a la amistad. Quizás recomendable para todas esas personas que creen que ésta no existe.
Cuatro meses, tres semanas y dos días. Sólo puedo decir, maravillosa y felicitar el trabajo de la actriz sobre la que recae todo el peso de la película: Anamaria Marinca
jueves, 27 de marzo de 2008
Miedo
Si miro hacia atrás me doy cuenta de que nunca he tenido miedo, entendiendo el miedo como ese sentimiento que surge por la sensación de una amenaza. Nunca me he sentido amenazada. Pero la realidad es que no existe humano ni animal que no sienta miedo, por un simple instinto de supervivencia y defensa. El hecho de estar alerta ante los peligros hace que se perpetúe la especie. Éste es el miedo que Doña Pilar Jericó denomina como: "equilibrante", por su asociación a la prudencia. El problema llega cuando este miedo equilibrante se prolonga en el tiempo y sin ningún tipo de justificación aparente (siempre recordaré a una amiga, compañera de piso en la universidad que por las noches tenía que tener todas las puertas de la casa abiertas y había que acompañarla al baño porque no se atrevía a salir del salón).Entonces ¿qué es el miedo? ¿cómo definirlo? Si acudimos a los griegos resultará fácil explicarlo.
Venus, diosa del amor, mantuvo un romance con Marte, dios de la guerra. De él nacieron cinco hijos: Cupido (dios del amor erótico), Anteros (dios del amor correspondido), Cocordia (diosa del equilibrio y la belleza), Fobos (la fobia) y Deimos (el miedo). Como vemos, el miedo por tanto procede de la unión del amor y la guerra.
De este modo, en una pareja que siente amor, siempre existirá el temor a perderlo.
Miedo al rechazo, al fracaso, a no poder llegar a fin de mes, miedo a sufrir algún tipo de cambio en nuestras vidas e incluso, miedo a la felicidad.
Otro de los habituales, sería el miedo al dolor, creo que ese es universal. No conozco a nadie que no tema al dolor. Yo soy un claro ejemplo. Pero no temo sólo al dolor físico, temo al dolor del alma, al dolor mental manifestado en debilidad. He sentido los dos tipos de dolor y el del alma es tan dañino que es capaz de reflejarse en dolor corporal...huyo de él para que no me atrape.
Creo que también tengo miedo a vivir (y eso que no era miedosa) y ese miedo es el que más me perjudica. Miedo a salir del nido en el que me siento protegida y en el que sé que ni siquiera el dolor puede alcanzarme porque siempre tendré las manos de mi madre.
Pero, y ¿cómo se vence el miedo, ese miedo del que hablaba antes, ese que se prolonga en el tiempo? Según Doña Pilar Jericó, antes mencionada: "para superar los miedos lo mejor es centrarnos en nuestra motivación trascendente, aquella que nos empuja a seguir adelante a pesar de los riesgos".
Victor Frankl fue un psiquiatra judío que pasó la segunda guerra mundial en varios campos de exterminio, entre ellos Auswitz. Según él, no se salvaron de aquel infierno los más fuertes, ni los más cultos, ni los mejor preparados, sino aquellos que tenían una motivación más allá de su propia vida: "cuando salga escribiré un libro", "cuando salga veré a mis hijos", "cuando salga contaré esto al mundo".
Como decía Nelson Mandela:
"No es valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe conquistarlo".
Soledad
Esta canción me la ha dedicado mi querido primo y amigo en su blog. No he podido resistir la tentación de ponerla en el mío, para que jamás se me olvide el detalle. Es una canción hecha para mí, así lo siento.
Gracias
miércoles, 26 de marzo de 2008
¿Qué somos?
Muchas veces me he hecho esa pregunta; quizás no soy la única persona en este mundo que se la haga, pero si me pongo a pensar de forma concienzuda en ello llego a conclusiones que no me gustan. Y es que todos vivimos las mismas vidas, somos como la misma historia que se repite una y otra vez, somos ese personaje novelesco recurrente. ¿Pero quienes somos realmente? ¿Llegamos a perder nuestra propia y única identidad?¿Somos lo que en realidad deseamos ser o somos lo que los demás esperan de nosotros que seamos? ¿Nos revelamos ante la norma general o seguimos el camino trazado? Pero, ¿por qué no probamos a meter el pie en la cuneta, a meternos en el charco? ¿Qué puede ocurrir? Quizás unos nos sintamos perdidos y no sepamos hacia dónde dirigirnos, y empapados de realidad nos perdamos de nuevo; otros en cambio descubran su verdadero lugar en el mundo.No todos sentimos la necesidad de nacer para procrear y formar una familia al uso. Recuerdo hace algunos años, cuando dije eso en mi casa y me miraron como a un ser extraño, es más, estoy segura de que mi familia piensa que soy una persona rara, en cuanto a fuera de lo común, quizás porque no siento las necesidades que se me presuponen como mujer. Y yo, prefiero mirar a los ojos.
Dicen que cuando hablamos con alguien y miramos a sus ojos, podemos saber el grado de confianza que tenemos en ella, por el ojo en el que centramos nuestra mirada.
Sea como sea, dentro o fuera de lo trazado, centrando o no la mirada en un ojo determinado, mirar a los ojos del que habla, como si de ellos emanaran las palabras, hace que me sienta diferente, consigue que piense que soy capaz de adentrarme en sus pensamientos a través de sus pupilas.
martes, 25 de marzo de 2008
¿Sexo?
Aquella mañana se levantó de la cama rápidamente, no debía desaprovechar el tiempo. Tantas cosas por hacer...la maleta, la ropa apropiada para la fiesta, los complementos adecuados y el maquillaje. No podía olvidarse nada. Para llegar hasta allí podía llevar ropa cómoda, era verano y el viaje duraría un par de horas. Un pantalón, una camiseta de tirantes y unas sandalias bastarían. Durante el trayecto iba nerviosa, incluso emocionada por la fiesta a la que acudía. Llegó a su destino. El hotel fue más fácil de encontrar de lo esperado. Aparca frente a él y se siente satisfecha de no haberse perdido y poder dejar el coche en un sitio seguro.
Después de pasar por recepción, sube a la habitación asignada, deja todos sus bártulos y se tira sobre la cama, después de lanzar las sandalias, respirando profundamente y aliviada por haber llegado. Pero no queda más tiempo para reposar y debe empezar el ritual del cambio de imagen.Se quita los pantalones, la camiseta y la ropa interior. Entra en el cuarto de baño, se mira al espejo y tras tocarse el pelo y exhalar un profundo suspiro, se lo recoge para poder maquillarse; los labios rojos y los ojos oscuros, resaltando así su mirada. Se suelta el pelo y sacude la cabeza boca abajo. Perfecto, el resultado le agrada y se siente atractiva y deseable.
Se pone un sujetador negro sin tirantes, unas braguitas negras y vuelve a mirarse al espejo. Se siente bien, el negro la favorece sobre su piel morena por el sol del verano. "Ojalá él pudiese verme ahora"-piensa.Sólo queda el vestido; en un segundo un vestido negro de tirantes, pasa por su cabeza, se desliza por su cuerpo hasta quedar perfectamente encajado en su cuerpo. Se pone sus sandalias negras de tacón alto, los pendientes, el anillo y ultima los elementos básicos que deben estar en su bolso, incluido el teléfono.
Con todo ya en su sitio, vuelve a mirarse al espejo y le gusta lo que ve: "No estoy nada mal". Sonríe pícaramente.
El tiempo apremia, no quiere llegar tarde.
Aparece en la fiesta, una fiesta que comienza por la tarde, una tarde calurosa de verano. No conoce a casi nadie, sólo a tres o cuatro personas, pero siente las miradas de los extraños (quizás por desconocer quién es esa mujer). Después de unas horas riendo, charlando, comiendo, bebiendo alguien se le acerca y le dice: "Tus ojos son preciosos". No se lo esperaba y apenas puede responder un "gracias, eres muy amable".
La fiesta continúa, todo el mundo baila y bebe. Ella va al baño, ya son más de las doce de la noche y entre esa maraña de mujeres que se miran al espejo y retocan sus maquillajes, suena su teléfono. Lo saca del bolso y ve que es él. Sale corriendo del baño, allí no se puede oír nada, sube las escaleras y llega a la calle.
- No esperaba tu llamada hoy, y menos a estas horas.
- ¿No querías que te llamase?
-¿Estás loco? Me moría por escuchar tu voz.
Ella camina despacio hacia el aparcamiento que hay en plena calle y repleto de coches aparcados en batería. Se coloca entre dos, como buscando intimidad para poder seguir hablando con él.
-¿Qué tal la fiesta?
-Como todas, nada digno de reseña, le contesta ella con la emoción de tener su voz en sus oídos.
-¿Qué te has puesto?
Ella lo relata con todo lujo de detalle y él le dice: "Si estuviese ahí ya tendrías mi mano entre tus piernas". Los dos sonríen de forma cómplice y deseosos de que eso pudiera convertirse en realidad en ese momento.El ambiente comienza a caldearse y ella ya no está tan pendiente de que alguien pueda llegar a buscar su coche y que ése sea, precisamente en el que ella está apoyada. Sin pretenderlo, la conversación se convierte en una confusión de susurros y palabras calientes que provocan los jadeos de los dos.De pronto, él le dice:
- Mete tus dedos dentro de tus braguitas, introduce un dedito en tu precioso coñito y dime cómo estás.Ella, sin dudarlo un instante lo hace, no le importa que puedan ver cómo tiene que levantarse el vestido para poder hacerlo.
- Estoy empapada, cariño.
-Chúpate el dedo (ella lo hace sin dudar)Él suelta un gemido de placer al escucharla con esa voz susurrante y jadeante que tiene ella.
-¿Cómo estás tú? Pregunta ella.
-Listo para follarte, putita mía.
En ese momento todo se confunde, los jadeos de uno y otro, los gemidos, su voz en el oído de ella animándola a que se masturbe y ella, como una sumisa que obedece las órdenes de su dueño, lo hace ahogando los gritos, pero totalmente desinhibida ante tanto placer. Él hace lo mismo al otro lado del teléfono y sus gemidos, suspiros y jadeos se mezclan con los de ella formando uno solo.
-Ahora quítate las braguitas y mételas en el bolso, quiero que vuelvas a la fiesta sin ellas.
Ella obedece de nuevo.De repente es consciente de dónde está, en aquel aparcamiento donde cualquiera podría haberla visto.
-¿Te das cuenta de lo que acabo de hacer? Le dice ella.
-Me ha encantado, me gustas así, salvaje y sin miedo.
-¿Sabes que te deseo? zorrita mía.
Y yo me pregunto, ¿es esto sexo? Si no lo es, se le parece.
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